Relevos después del neoliberalismo

Pablo Raphael

 

 

"Ahora a todos los que escriben les preguntan por esta cuestión, después se les pide que opinen sobre literatura y mercado y, finalmente, por supuesto, se les pregunta si la novela ha muerto. Desde hace unos días no hago más que responder, de forma ya casi mecánica, a estas tres cuestiones tan "trascendentales". He podido comprobar que, en mi caso, hay una cuarta pregunta esperándome en el fondo del corredor de la muerte (¿de la novela?). Es una pregunta añadida, a veces dicha en tono acusador: "¿De dónde le viene tanta afición por la metaliteratura?

Enrique Vila-Matas

 

 

Para la escritura de Relevos después del neoliberalismo (que aparecerá en Barcelona, publicado en la revista Quimera, en septiembre 2007) hice el mismo cuestionario con distintas variaciones. Aquí van los respondidos por Edgardo Bermejo, Martín Solares, Alejandra Bernal y Tryno Maldonado.

 

Cuestionario contestado por Edgardo Bermejo 

Querido Pablo,

Me tomé demasiado tiempo en pensar y responder a las primeras preguntas de tu cuestionario, que ahora mismo adjunto en documento de Word. Si ya es muy tarde házmelo saber. De no ser así me ocuparé a responder las restantes. Por cierto, tu cuestionario  me recordó enseguida  un artículo de Vila-Matas en Letras Libres y ahora lo reencontré para ti, Aquí un fragmento. (op cit) 

 

1. Existen diversas formas para definir a una generación, desde la de Ortega y Gasset en términos de ciclo vital hasta aquella que entiende a  los nacidos entre guerra y guerra, los nacidos en una década o aquellos que comparten una serie de valores estéticos y filosóficos. Parece que hoy las generaciones se rigen por el mercado. Antes de definir a tu generación ¿qué entiendes por generación? 

Concibo a las generaciones literarias como una asamblea involuntaria y libérrima, en donde de forma casi secreta y por un periodo determinado –elegido casi siempre a capricho del almanaque- confluyen una diversidad de estilos y temperamentos creativos, que al ser vistos en su conjunto forman un palimpsesto  entretejido por ese hilo común al que llamamos el espíritu de una época. De modo que hay  una marca temporal ineludible a la hora de imaginarlas, como también -en menor grado- una exigencia estética y una épica compartida. Las generaciones literarias son eso: la épica desgarrada de una identidad, inestable  y en fuga por definición.

Borges dijo que cada escritor engendra a sus precursores, y lo mismo aplica para hablar de las generaciones literarias: a una generación la delimitan sus precursores y se le puede definir por lo tanto como la suma de coincidencias y diferencias a la hora de pensar en sus afinidades electivas. Ahí donde hay una plataforma común de herencias y rupturas, hay también un atisbo de lo generacional. En otras palabras, las generaciones edifican -con una gran diversidad de materiales y estilos- esa gran Babel a la que llamamos el canon literario de un periodo susceptible de historicidad. 

Entiendo finalmente a las generaciones literarias como un fenómeno necesariamente retrospectivo y entrópico. Retrospectivo porque sólo se les podrá ver el rostro a contraluz y a tren pasado, todo intento por adelantarse resultará a fin de cuentas un despropósito. Entrópico, porque al igual que la leyes de la termodinámica  las generaciones  se enfrentan inevitablemente a un fenómeno de desgaste, por el cual la energía inicial que les impulsa tiende fatalmente a disminuir y a reintegrase al desorden y al caos original que le precede. Implacable entropía por la cual sobrevivirá una mínima porción de energía, que habrá de formar el núcleo duro y trascendente de una generación.

 

2. ¿Cómo entiendes a tu generación? 

A la generación de narradores, prosistas y pensadores mexicanos nacidos en la década de los sesenta y setenta  les  tocó en tarea colonizar y repoblar -que no conquistar- los territorios explorados por la literatura mexicana del siglo XX. Me parece que ese ámbito secular podemos reconocer la mayor parte los registros  y las resonancias de esas narrativas, cuyos principales nombres ya se han definido y difícilmente cambiarán –no  obstante siempre quede lugar  para sorpresas de última hora, reapariciones súbitas o caídas insospechadas, pero esas posibilidades se inscriben en el ámbito de lo excepcional.  

Ya lo dijo Leduc: no haremos obra perdurable, no tememos, de las moscas, la  voluntad. Mucho me temo por ello que no encontraremos bajo el cielo del presente obra perdurable. Toda obra y todo autor se encuentran siempre a disposición del azar  y sus caprichos, más allá incluso de de los talentos. De modo que  nadie pueda garantizar un destino literario, como  tampoco una derrota anticipada. 

Por otra parte, si la nueva narrativa  finca su presunta novedad en  su ubicación en el almanaque, es decir, en un mero accidente cronológico, entonces es justo decir que hay nuevas narrativas profundamente envejecidas, como hay también temperamentos vanguardistas trasnochados. Y hay nueva literatura a secas, que lo es en tanto ha sido escrita recientemente y no por ello desvinculada de su pasado –inmediato  y remoto. 

 Me refiero a esa mínima porción de talento y rigor intelectual puesto al servicio de la creatividad literaria y de la crítica,  que ha  alcanzado la dignidad de sumarse a la saga de la tradición. Una tradición que, por lo demás, no se escuda arbitrariamente detrás de las fronteras territoriales. La generación de  la que hablo,   como otras estaciones de la literatura mexicana del siglo XX, encuentra en el diálogo con lo universal su única posibilidad de subsistencia. Lo comprendió Reyes en el amanecer del siglo; lo comprobaron los Contemporáneos y   Paz; Fuentes y la generación del 32;  o bien Pacheco, o en otro extremo Monsiváis; y eso mínimo archipiélago de soledades e inteligencias que casi todos reconocemos al vuelo a la hora de trazar el mapa de la literatura mexicana excepcional.  

En esa suma de nombres y títulos que ejercen un dominio casi unánime entre los escritores que conozco,  se resume con gran elocuencia el ethos generacional de quienes les tocó comenzar a publicar y darse a conocer en la última década del siglo XX y los primeros años del siglo XXI. 

Encuentro pues a este grupo mas cercanos a la continuidad que a la ruptura, y en riesgo permanente de trocar la creación en imitación. Desconfío de las pretensiones vanguardistas,  las proclamas fundacionales y de los nuevos aspirantes a mandarines. 

 

3. ¿La fragmentación contemporánea sustituye la idea de generación por la de colectivos? 

La fragmentación es, en efecto, contemporánea en su sentido más radical: esclava del presente y de lo inmediato, mira al futuro con ojos miopes. El lector de mediados del siglo XXI no reconocerá “colectivos” entre lo que ahora se gesta, y con dificultad tendrá una idea aproximada de las sucesiones generacionales. Hay por su puesto grupos, corrientes, afinidades, complicidades, pero detenerse demasiado en ello resulta faccioso y extenuante.  

Con todo, aventuro en mi respuesta  un juego de dualidades. Sino colectivos, quisiera proponer al menos un mapa binario de  estilos, proyectos y personalidades que se conjugan y marchan de la mano -o  bien se repelen en un juego dialéctico muy estimulante. 

Tomemos para ello algunas muestras elocuentes  entre la legión de los autores e intelectuales más notables de las ya-no-tan nuevas promociones de las letras mexicanas ´

Por respecto e ignorancia he preferido excluir  de esta selección a los poetas, que son, lo sabemos: privilegiados, seres de otro mundo, y entre cuya grey también hay destacados críticos y ensayistas en mi generación. 

Llamémosle pues a esto “las dualidades virtuosas” de la prosa y la narrativa mexicana más reciente, entre quienes cabria mencionar, por ejemplo: el temperamento intelectual, la voluntad de construir una obra de largo aliento, la hazaña transfronteriza, y la ambición  proverbial  de Jorge Volpi e Ignacio Padilla; la independencia, el rigor experimental, el épico desenfado , la prosa destilada, la conquista de un estilo como de otros territorios, otros lectores y otros públicos de dos autores diametralmente opuestos pero cercanos a mi entender en su proyecto literario: Mario Bellatín y Guillermo Fadanelli; el carácter, el peso, la voluntad de estilo y la reivindicación de lo regional como universal de David Toscana y Eduardo Antonio Parra; la pulcritud estilística y la afirmación de una proyecto intelectual escrito por mujeres y sin concesiones de género de Cristina Rivera Garza y de Guadalupe Nettel; de Ana Clavel y  de Ana García Bergua; el correctísimo español y el culto a la prosa  como forma del arte  de Mario González Suárez y  de Jorge F. Hernández; la invención de un nuevo territorio, un nuevo lenguaje y una identidad huidiza de lo mexicano que encontramos en  Luis Humberto Crosthwaite y en  Luis Felipe Lomeli; la excentricidad, el rigor intelectual, la misantropía fecunda de Pablo Soler Frost y de Daniel González Dueñas; la rabiosa condición contemporánea y cosmopolita de  Mauricio Montiel y de Alvaro Enrigue;  la imaginería y el despliegue creativo de Javier García Galiano y de Alberto Chimal; la pasión crítica, la inteligencia afilada y la razón florida de Rafael Lemus y Armando Gonzalez Torres; el universo intelectual  de  Christopher Domínguez y el laberinto intelectual de Mauricio Molina; el anclaje en la realidad y la reivindicación de lo esperpéntico de Fabrizio Mejía y de Antonio Ortuño; la sabiduría, la visión de lo mexicano y el humanismo erudito de Fernando Escalante y de José Antonio Aguilar Rivera; de Claudio Lomnitz y de  Jesús Silva Herzog-Márquez; la pericia mediática y la credibilidad  de este último, junto con la de Nicolás Alvarado y la de Denisse Dreser. Y en medio de este concierto binario, una brillante individualidad que es  al mismo tiempo trasmisor de las tradiciones y una suerte de mentor generacional: Juan Villoro.

 

4. Tras el desdibujamiento de las fronteras en términos comerciales y el trazo de otras en términos migratorios, pero también ante la globalización en sus distintas acepciones ¿Siguen siendo validas la categorías de literatura nacional? 

Lo son en tanto exista un corpus idiomático, lexicográfico y cultural al que llamemos el español de México, una frontera verbal y espiritual menos delimitada por coordenadas y latitudes geográficas, que por expresiones sutiles, en constante rebeldía, pero no por ello menos persistentes y delatoras de una identidad propia.  

Lamentablemente hay otra forma no menos certera pero si mucho más triste de establecer la condición de una literatura nacional; aquella que remite a la literatura escrita, publicada y leída únicamente por un publico mexicano, aquella literatura insular que es incapaz de insertarse a otros mercados y a otros públicos, por las razones que se quieran. Tal es  la forma  más real y más pesimista  que adopta toda referencia a una literatura nacional.

 

5. ¿Qué te dice el año 1985?  

El mayor lugar común de todos, la catástrofe telúrica de la que se desprende ese otro estropicio al que llamamos generación: el terremoto de la Ciudad de México y su vana leyenda justificadora de un ethos solidario y  generacional del que descreo. A mi más bien la fecha me recuerda mis 18 años de edad, y un dato mucho menos épico pero de una dignidad autobiográfica indiscutible: el 85 representa para mí la pérdida feliz, justa y necesaria, de la virginidad.

 

6. ¿Qué te dice el concepto wikiliteratura? 

Leí una definición insuperable en la red: wikiliteratura como una “ciberpuñeta”.

 

7. ¿Qué te dice el concepto metaliteratura? 

Otra  ciberpuñeta, pero de corte estructuralista, por la que se arroja semen semiótico viscoso y yermo.

 

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Cuestionario contestado por Martín Solares

1. Existen diversas formas para definir a una generación, desde la de Ortega y Gasset en términos de ciclo vital hasta aquella que entiende a los nacidos entre guerra y guerra, los nacidos en una década o aquellos que comparten una serie de valores estéticos y filosóficos. Parece que hoy las generaciones se rigen por el mercado. Antes de definir a tu generación ¿qué entiendes por generación? 

Un grupo de bañistas que construyen balsas para una o varias personas, a veces departen alegremente, a veces se pelean y con frecuencia olvidan que se dirigen de manera irremediable hacia una catarata (estoy optimista). La catarata hace que las generaciones de bañistas, como quería Weber, se renueven.

Si mal no recuerdo, para Weber era un grupo de gente nacida en un lapso concreto de tiempo, que aparece, se desarrolla y da lo mejor de sí mismo en un lapso de quince años, hasta que otros los sustituyen gradualmente. En México hay un ensayo espléndido de Luis González y González, que para mí fue muy esclarecedor: La ronda de las generaciones, en el cual el historiador demuestra la manera en que aparecían, predominaban y desaparecían los bañistas durante el siglo pasado.

 

2. ¿Las generaciones se rigen por el mercado? 

Por el mercado, por la lucha de poder, por los crímenes y por la catarata. Ve a la generación del expresidente Salinas: fracturaron su proyecto de perpetuarse en el poder durante varios sexenios sucesivos al matar a su hijo dilecto, Colosio.

Si las leyes de la oferta y de la demanda mandaran en México plenamente, supongo que la gente podría expulsar de tanto en tanto a sus ineficientees políticos o gobernantes y no tendríamos ahora el caos de violencia, cinismo, latrocinio y corrupción que vivimos.

  

3.  ¿Cómo entiendes a tu generación? 

Bueno, avanza felizmente hacia la catarata mientras pierde el tiempo criticando sus trajes de baño. No me veo ni en la generación que va del 60 para acà ni en la que va del 70 en adelante. A mí lo que me interesa son las islas desiertas, o las novelas a la espera de un escritor que las habite y las cuente.

            En México me parece que estamos presenciando cómo se consolidan nuevas mafias, por un lado, y familias por otro –en el sentido siciliano del término. Veo una lucha feroz entre unos y otros por robarse un pastel.

            Prefiero hablar de mi generación en un plano más amplio: los que me preocupan son los políticos de mi edad, que están resultando tan aptos para el robo, la mentira y el cinismo como sus predecesores. Ahí necesitamos una renovaciòn total, nuevos estilos de trabajar para los otros. Si un autor y un editor hacen mal su trabajo nadie los lee, pero si un político nos roba algo más que nuestro tiempo siempre hay mecanismos para reciclarlos y que sigan en activo, dando la mismas molestias. Necesitamos inventar lectores para quienes escriben la vida política del país, tan lamentable y predecible.

            Creo que ese es uno de los retos de todas las generaciones: hacer bien un trabajo que sirva a los demás habitantes del río. En el caso de un escritor, inventar un universo imaginario, en el cual el lector pueda vivir plenamente durante el espacio de unos días; ofrecer una experiencia que lo transforme en otro, y devolverlo a la realidad con un punto de vista distinto.

 

4. ¿La fragmentación contemporánea sustituye la idea de generación por la de colectivos?  

Ni siquiera ocurre eso. Salvo alguna excepción, lo que tenemos en México no son revistas de intelectuales unidos por sus afinidades. Tengo la impresión de que las revistas mexicanas contemporáneas son fuentes de trabajo, en la que a veces coinciden algunos espléndidos escritores, y punto. Frente a eso es natural que surjan más solitarios o grupos de cómplices.

             

5. Tras el desdibujamiento de las fronteras en términos comerciales y el trazo de otras en términos migratorios, pero también ante la globalización en sus distintas acepciones ¿Siguen siendo validas la categorías de literatura nacional? 

Sólo históricamente. No conozco a nadie interesado en escribir una literatura mexicana, que exprese a la madre patria. Por otra parte, no estoy muy seguro de que, al menos en el medio editorial, las fronteras estén completamente desdibujadas: basta con ver cómo las trasnacionales vigilan sus zonas de caza, y los aranceles que se le imponen a todo libro que entra o sale de cualquier país europeo.

  

6. ¿Qué te dice el año 1985?   

No mucho: el mismo susto que nos llevamos todos, pero en mi caso aún radicaba en provincia, de manera que al comprobar que mis parientes más cercanos se encontraban relativamente bien, suspiré relativamente aliviado –dentro de la tristeza, se entiende. Más que el temblor del 85 para mí hubo otras fechas que me afectaron a largo plazo, como el 89: llevaba un año soportando las discusiones de mis compañeros sobre capitalismo y socialismo. Acababan de concluir que el comunismo tenía más ventajas en general, cuando alguien que escuchaba la radio nos informó que iban a derrumbar el muro de Berlín.

            Para la gente de mi edad, la caída del muro nos libró de caer en la solución fácil, el dejar de pensar por sí mismo, pero es una lástima que muchos cancelaran su capacidad de mirar hacia los lados. Y desde el punto de vista ideológico, lo grave fue crecer con la impresión de que llegas al banquete cuando sólo hay vasos vacíos, y como nadie va a hacerlo, tienes que construir tu propio vino, por regular que este sea. Por mi parte trato de cosechar el mejor material posible para mis novelas.

  

7. ¿Qué te dice el concepto wikiliteratura?  

Es un juego inventado por un mexicano-neoyorquino, un sinaloense-parisino y un defeño-parisino, todos realmente comprometidos con escribir lo mejor que puedan y analizar críticamente a la tradición. Es un juego sano, sin pretensiones de imponerse sobre otros juegos, y que se realiza en solitario. Ayuda a desarrollar la comprensión de las poéticas y nunca ha perdido de vista que estrictamente, todos los escritores, sabiéndolo o no, hacen wikiliteratura al reescribir a sus ancestros literarios.

            Si bien no soy uno de los 3 fundadores de esta corriente, los conozco muy bien, pues nos reuníamos en París cada semana a debatir sobre literatura. En París coordino las reuniones de un grupo de escritores. Durante mucho tiempo me he resistido a llamarme director del grupo, pues no indico ninguna ideología, temática o estilo a seguir, ni los miembros del grupo lo permitirían. Se trata de un grupo de cazadores que se reunen una vez a la semana para compartir lo mejor que han encontrado y para hablar de los problemas que han tenido mientras van a la búsqueda de su propia voz, de sì mismos y su escritura. Cuando me encuentro de viaje seguimos trabajando por chat, todos juntos, una vez cada quince días, pues el grupo trabaja muy bien y esas reuniones del clan se han vuelto adictivas. Ahora estamos saltando de la caza de piezas breves a la persecución de las piezas más exigentes, huidizas y sacras de todas: la escritura de largo aliento que se realiza en solitario.

  

8. ¿Qué te dice el concepto metaliteratura? 

En crítica literaria, muchísimo; en literatura no me viene a la mente otro caso tan afortunado como el de Borges. La idea, en cambio, de una novela que pueda contener a otra novela, o de libros tan amplios como para incluir un librero con otros libros, me parece uno de los guiños más deliciosos y directos que pueden hacerse al lector.

  

9. ¿Qué te dice el concepto literatura militante? 

Me invade un gran ataque de flojera, y pienso en aquellas novelas comunistas y comprometidas que tanto rechazaba Kundera, del tipo “La tractorista ejemplar”. La literatura no puede ser predecible. En lo personal respeto a la literatura que ofrece esplendor estético y que tiene una sensibilidad que compartir.

  

10. ¿Qué te dice el concepto afterpop o surrealismo pop?  

Nada. Las etiquetas que inventan los críticos literarios, si no están apuntaladas con un buen análisis, son tan extrañas como las marcas de productos para limpiar los cristales. Una de las pocas cosas que mi generación debería tener claro es que todos los ismos representan un riesgo, pues funcionan como un propietario que te invita a vivir en su casa, eso sí, pero a vivir de rentado.

  

11. ¿Dónde estamos? ¿En tiempos de la imaginación al poder, en tiempos del poder sin imaginación o en tiempos del poder en la imaginación? ¿Spota o Aguilar Camín? 

A mí no me enloquecen ni Spota, ni Aguilar Camín y sobre todo, ninguna dicotomía. Incluso en ciudades como la grisácea París invernal, cuando me asomo por la ventana veo muchos colores, no sólo blanco y negro, ¿por qué voy a limitarme entre sólo dos opciones?

Creo que tu clasificación en tres tiempos es muy divertida e inteligente, pues permite entender aproximadamente algunos de los fenómenos que han ocurrido en los últimos años en el medio literario mexicano, pero mi impresión es que vivimos la época de “Ni poder ni imaginación, entre otras cosas”. Hay 3 actitudes frente al poder: los que se integran, los que se enfrentan y los que viven al margen en mayor o menor medida. A mí no me interesa el poder. Nunca, tampoco, me he peleado a golpes con nadie. Lo que me enccanta es jugar tenis intelectual con interlocutores como tú, pero no surgen con frecuencia. Lamentablemente muchos miembros de mi generación construyen canchas para el debate intelectual, pero llegado el momento llegan sin raqueta, ignoran en qué parte de la pista se juega el juego, y no saben meter o sacar al adversario de la cancha cuando sea necesario. En todo caso, lo importante no es estar dentro de la cancha, sino sentado, escribiendo.

            Cuando me mudé de Guadalajara al DF tenía la esperanza de encontrar interlocutores que realmente quisieran hablar de literatura, que no se limitaran a inventar chismecitos. Salvo algunos grandes maestros o colegas (Hugo Hiriart, en primerísimo lugar, Guillermo Sheridan, Álvaro Uribe, Juan Villoro), platicar con teatreros, cineastas, chefs, galeristas, artistas plásticos, actrices o diseñadoras me parece más estimulante que esccuchar los chismes de mis colegas.

  

12. ¿Qué posición tienes frente a la sentencia "la novela ha muerto"? 

Me parece que las novelas están muertas cuando son aburridas o innecesariamente pretenciosas, cuando inflan un suceso que cabía en una línea o cuando el autor no se decide a eliminar secciones o a reescribirlas, a fin de no faltarle al respeto a su valiosa inspiración. En esos casos, lejos de mejorarlas sus autores las están matando suavemente con tanto cariño. Si además las novelas no desarrollan un tono de voz personal, que permita reconocer a su autor, y se limita a imitar otras voces, ahí no tenemos un novelista sino un ventrílocuo.

  

13. La tradición romántica nos heredó la idea del genio creativo y la originalidad como categorías que rigieron, incluso, toda la literatura del siglo XX ¿Crees que esta generación hace de la imitación, la intertextualidad y los juegos de provocar realidades para luego nutrir textos, como nuevos mecanismos de mimesis, e imitatio, es decir, de nuevas formas de aprendizaje, placer estético y formas creativas? 

Primero, no estoy seguro de que mis colegas compartan una sola tendencia literaria. Hay un Alain-Paul Mallard escribiendo admirables textos anfibios, mitad ensayo, mitad prosa, cada seis meses, siempre con una seguridad de verdad envidiable; hay un Yépez capaz de avanzar en cuatro vías simultáneas en el mismo texto, y todas brillantes; un Jorge Harmodio que escribe y reescribe sus novelas experimentales e hilarantes durante años, hasta estar seguro del resultado; un Miguel Tapia que aguarda el mejor momento para cazar piezas espléndidas, que traicionan secretamente la tradición. Todos ellos y otros más conviven con otros colegas que pasan demasiado tiempo dedicados a desarrollar el noble arte del sarcasmo, la envidia, y el chisme y la manufactura de càscaras de plátano para sus mismos colegas –en las cuales ellos mismos se resbalan.

            Segundo, más que buscar la originalidad me parece importante no repetir lo que otros ya han hecho, y quedarse con la impresión de que uno inventó el hilo negro.

  

14. ¿Qué opinas del plagio como una de las bellas artes? 

Los únicos plagiarios que me interesan son los que no sólo se roban las piezas de otros, sino que las ingieren pedazo a pedazo, a fin de nutrirse y construir piezas profundamente personales –en las cuales a veces, inevitablemeente, puede detectarse la influencia del original.

  

15. ¿Qué opinas de esta sentencia: "Lo importante es el interés por los instrumentos, escenarios. Hacer del texto un objeto. El libro es un objeto lineal que manifiesta una estética particular, donde incluso la anécdota es accesoria"?  

No creo que pueda haber un libro sin anécdota, pues aunque el escritor haya intentado suprimirlas, el lector va a terminar por imaginarlas, incluso en las obras más crípticas.

            Para mí el libro es un objeto de tres dimensiones que ofrece un umbral hacia la mente de otra persona. Ninguna visita a esa mente ocurre de manera lineal, ni los visitantes vuelven con los mismos resultados. En el campo de la novela en particular las cosas no ocurren sólo de manera lineal. Hay cortes abruptos, premoniciones, recuerdos, puntos de vista contrapunteados, y lo que para mí es el movimiento más propio de la novela: la digresión. Abriendo diversas pistas simultáneas, sembrando bombas de efecto retardado que estallarán progresivamente la novela salta, regresa, vuela, avanza en cada uno de sus carriles y de repente sorprende con palabras o personajes que parecían sepultados y olvidados, dándoles una nueva dimensión.

            Por otro lado, un escritor debe tratar a las palabras como si fueran árboles, y saber disponerlas o prescindir de ellas, a fin de construir una calle que sugiera numerosos espacios habitables a su vera, que inviten a pasear y a pensar.

            Cuando leo una novela demasiado abstracta pero sin dirección pienso en un plato de chipirones en su tinta que no se pueden ver ni comer. Si los autores se regodean en la tinta me digo que son chipirones y cambio de restaurant.

  

16. ¿Cuál es la relación presente de la literatura con la ideología? 

Como te decía, no me interesan los escritores militantes. El único compromiso que se debe exigir a los escritores es el compromiso con su propia escritura. En lo personal no me interesan los autores que construyen casas prefabricadas, sino que además de ser arquitectos son también albañiles, proveedores de material, especialistas en electricidad y cableado, y decoradores del interior, y construyen casas plenamente habitables, planeadas piedra por piedra.

            Para mí lo más difícil es elegir el tipo de ladrillos que voy a utilizar. Trato de usar la menor cantidad de argamasa o cemento posibles, no porque desconfíe de la calidad de los cementos nacionales, sino porque creo que me interesa ofrecer al lector un tipo particular de casa donde la forma, el peso y el orden en que se añadió cada material logró construir una forma hasta cierto punto impecable y coherente.

  

17. ¿Están los escritores siempre en cabal posesión de lo que quieren expresar? 

Nunca, pero pueden imaginarlo, para eso están escribiendo. Si son pacientes y están conscientes de que pueden destruir todo y volver a empezar, probablemente podrán expresar hasta cierto punto lo que se proponían escribir, bajo el lenguaje ambiguo de la novela.

Tengo la impresión de que los mejores novelistas que he encontrado son autores que escriben de sus obsesiones, y que no cierran el libro hasta liberarse de ella. Claro, tienen la cortesía de sintetizar el proceso, y sólo mostrarnos las palabras más interesantes o eficaces, dispuestas en el mejor orden y direccción posible.

            Creo que si bien la novela te permite resolver determinados aspectos de tus obsesiones personales y compartirlas con el lector, no permite que uno muestre sus conclusiones fuera de la propia novela, como un pescador no puede traer jamás a la superficie las algas que vio en lo profundo, sin que estas palidezcan o mueran. Me parece que hay un lenguaje que sólo pertenece a la novela, que sólo se entiende plenamente en la novela. Ese lenguaje construye un mundo submarino.

            A diferencia de otras especies submarinas, la novela es un ser de considerable amplitud, que requiere los mejores materiales para nutrirse, y que puede contener hasta barcos petroleros. A diferencia de otras especies, la novela realiza determinados movimientos que la caracterizan, en líneas generales, como son la digresión, la edición que permite intercalar abruptamente otro punto de vista o historia, las zonas de oscuridad controlada, el cableado sutil de las habitaciones, por mencionar algunas de sus estrategias. Todo dentro de una coherencia y exigencias totales, lo único que la novela no tolera son las palabras que no cumplen una función, pues el lector repara en ellas de inmediato.

 

18. Así como en el romanticismo sucedía con la poesía ¿Por qué la crítica literaria se centra hoy principalmente en la narrativa, dejando atrás al teatro, el ensayo y la propia poesía? 

Porque la novela es la bastarda, la recién llegada, la advenediza que destronó a la poesía en el gusto del lector. Quisiera ddefenerla pero además es mentirosa, irreverente, ilusoria: está hecha de pedazos de verdad, y cínica: construye una mentira que pasa por la realidad.

  

19. Así como el video y el cine son auxiliares de nuevos modelos que funcionan para las artes plásticas (el cine como pieza de museo o el cine al museo) ¿Qué está haciendo la literatura para desbordarse del texto y establecer vasos comunicantes con las demás artes? ¿O crees que ese modelo se agotó en cosas Oulipo, los juegos de palabras, los juegos dadaístas, la poesía visual? 

Creo que uno puede aprender incluso de la manera como están diseñados los juegos de video y los conciertos de Pink Floyd, Ray Charles o Caetano Veloso. Mirando los escenarios, los obstáculos que se le presentan al héroe, el ritmo y la velocidad a la que ocurren las cosas, la música que acompaña los acontecimientos, los colores y los ángulos que ayudan a construir la sensación de verosimilitud uno puede comprender algunos de los errores en los que estaba incurriendo al escribir su novela, o que podrían presentarse. Lamentablemente el márgen de maniobra en los juegos dde video es muy limitado: en Pac-Man, por ejemplo, a diferencia de una novela no puedes saltarte las bardas o construir otra habitación. Otro aspecto negativo es que estos juegos nunca aportan un nuevo punto de vista sobre las personas que uno se encuentra en la calle, ni sobre uno mismo. En lugar de que Mario y Luigi se enfrenten a gorilas que arrojan barriles, tortugas y dragoncitos neuróticos, o que Pac-man siempre huya de los mismos fantasmas, los diseñadores de los juegos de video deberían diseñar rivales que sean como los que, dice Marco Antonio, cada uno enfrenta a diario: un mentiroso, un traidor, un adulador, un pesimista.

Las mejores novelas deben funcionar como un juego de video: darle al lector las palabras que le permitan vivir una vida distinta durante una cantidad determinada de tiempo, que cada cual alarga o acorta con su pericia particular como jugador.

Cada generación inventa sus distracciones y la literatura wiki es un ejemplo de ello: demuestra que es posible darle otro uso al internet. Los practicantes localizan una frase o una construcción literaria en la red, la copian, la estudian a fondo y comienzan a pervertirla, sin salir del orddenador, a fin de retorcerla, esculpirla y cambiar su sentido.

  

20. ¿Cuál es tu opinión sobre el siguiente postulado: “El siglo XXI inicia pulverizado por las opciones y la velocidad, es en los extremos donde habitan la materia más interesante de explorar: la marginalidad, los desdoblamientos, la impostura, los mundos interiores y la existencia de seres límite en situaciones perfectamente normales. Ellos representan la veta más atractiva en un mundo donde el futuro fue substituido por una caída continua en el presente”? 

No estoy seguro de que sea en los extremos donde habite “la materia más interesante de explorar”. Eso tiene sabor a expedición safari, en busca de objetos o animales qué estemos obligados a recolectar para exhibirlos. Además, uno se cansa de la novedad o de la taxonomía. Además no es necesario ir tan lejos. Todos los seres humanos y literarios se encuentran en una situación límite, pues un día o un otro van a caer en la catarata de la que estamos hablando. Cuando escribo novela prefiero a los personajes que viven una situación inusual, que poco a poco va transformando su idea del mundo, aunque sean ex-contadores o trabajen en una comandancia de policía.

            En cambio estoy de acuerdo en que se vive un presente total, que te acostumbra a permanecer en la superficie. A todos se nos olvidó la historia, nadie conoce los mitos, ni está contruyendo utopías.

 

***

 

Cuestionario contestado por Antonio Ortuño

Hola, Pablo.

Voy casi saliendo de viaje, pero te envío estas respuestas. Creo que son bastante arrogantes e idiotas, pero es que el neopostvanguardismo me pone de mal humor. Un abrazo y ojalá podamos platicar más adelante. 

Antonio.

  

1. Existen diversas formas para definir a una generación, desde la de Ortega y Gasset en términos de ciclo vital hasta aquella que entiende a los nacidos entre guerra y guerra, los nacidos en una década o aquellos que comparten una serie de valores estéticos y filosóficos. Parece que hoy las generaciones se rigen por el mercado. Antes de definir a tu generación ¿qué entiendes por generación? 

La palabra generación me hace recordar un chiste de Jardiel Poncela: es la manera de que se

ahoguen juntos los que se iban a ahogar por separado. Y yo aspiro, en todo caso, a ahogarme solo.

  

2. ¿Cómo entiendes a tu generación? 

De ningún modo. Detesto pensar que puedo ser agrupado con escritores que no conozco, no me interesan, no me gustan o abiertamente odio por motivos al margen de mi voluntad –cronológicos, políticos, incluso estéticos.

  

3. ¿La fragmentación contemporánea sustituye la idea de generación por la de colectivos? 

Pienso que en la mente de los científicos (es decir, quienes estudian la literatura con vocación sociológica) todo ha sido sustituido por la palabra colectivos: entiendo que los excita. La ciencia detesta a los individuos, porque resultan vanos o incomodísimos. La literatura no es así, pero ahora se piensa poco en literatura.

  

4. Tras el desdibujamiento de las fronteras en términos comerciales y el trazo de otras en términos migratorios, pero también ante lavglobalización en sus distintas acepciones ¿Siguen siendo validas la categorías de literatura nacional? 

Me parece que esas categorías obedecían –obedecen- a intereses de vindicación nacionalista que han languidecido. Sin embargo, entiendo el orgullo –enloquecido, si se quiere- de escribir en una cierta lengua y no en otra. Me importa más el idioma que el pasaporte, pero no me siento tampoco un defensor de la pureza del idioma. Por otro lado, niego la validez de cualquier categoría literaria más allá de las elementales estupendo/divertido/aburrido/pésimo.

  

5. ¿Qué te dice el año 1985?  

Nada. Los temblores a 700 kilómetros de la propia casa nunca han sido una influencia literaria relevante.

  

6. ¿Qué te dice el concepto wikiliteratura? 

Me hace pensar en aquellos cándidos vanguardistas que escribieron odas a los telégrafos y al tren expreso. Hay gente que nació para entusiasmarse con esas cosas.

  

7. ¿Qué te dice el concepto metaliteratura? 

Pienso en autores con ímpetus de pasar por cultos haciendo citas gratuitas o en profesores al borde de un orgasmo de exegética. Son placeres de los que prefiero privarme.

  

8. ¿Qué te dice el concepto literatura militante? 

Si se tratara de ser un militante de la literatura, lo vería con simpatía: ser un extremista de la prosa, un separatista de los adjetivos y las comas. Si se refiere a la propaganda política, sólo me hace pensar en que la literatura política siempre ha sido un subgénero de la idiotez.

  

9. ¿Qué te dice el concepto afterpop o surrealismo pop? 

Pienso en los críticos musicales que, desconocedores de las escalas o de la menor nota, se limitan a la repetición autista de etiquetas. Aplicado a literatura es una suerte de remedo todavía más torpe: “Mi nuevo libro es kitch-dark-power-xtra-funk”.  

 

10. ¿Dónde estamos? ¿En tiempos de la imaginación al poder, en tiempos del poder sin imaginación o en tiempos del poder en la imaginación? ¿Spota o Aguilar Camín? 

Ninguno de los dos (ambos, pésimos escritores). Ibargüengoitia, mejor: frente al poder, la lejanía y la risa.

  

11. ¿Qué posición tienes frente a la sentencia "la novela ha muerto"? 

Me asombran los desplantes que pasan todavía por vanguardistas y han cumplido ya más de cien años. La primera vez que se dijo que la novela había muerto no había nacido siquiera Joyce. Es una tontera que suena bien porque es agresiva.

  

12. La tradición romántica nos heredó la idea del genio creativo y la originalidad como categorías que rigieron, incluso, toda la literatura del siglo XX ¿Crees que esta generación hace de la imitación, la intertextualidad y los juegos de provocar realidades para luego nutrir textos, como nuevos mecanismos de mimesis, e imitatio, es decir, de nuevas formas deaprendizaje, placer estético y formas creativas? 

Si esta generación lo hace, espero sinceramente que no me invite a la fiesta y no acabar en ella ni por error.

  

13. ¿Qué opinas del plagio como una de las bellas artes? 

Me interesa más el tráfico de órganos. Implica, al menos, cierta valentía.

  

14. ¿Qué opinas de esta sentencia: “Lo importante es el interés por los instrumentos, escenarios. Hacer del texto un objeto. El libro es un objeto lineal que manifiesta una estética particular, donde incluso la anécdota es accesoria”?  

Si le agregamos una portada con la foto de un paisaje blanco, es la receta ideal del libro más aburrido de la historia.

  

15. ¿Cuál es la relación presente de la literatura con la ideología? 

La de siempre: la ideología es asunto de canallas, mártires y tontos. La literatura suele estar en otra parte.

  

16. ¿Están los escritores siempre en cabal posesión de lo que quieren expresar? 

No, por suerte.

  

17. Así como en el romanticismo sucedía con la poesía ¿Por qué la crítica literaria se centra hoy principalmente en la narrativa, dejando atrás al teatro, el ensayo y la propia poesía? 

Creo que se escribe poquísimo sobre narrativa. Vivimos la era del ensayo-parásito: el comentario del comentario del comentario.

  

18. Así como el video y el cine son auxiliares de nuevos modelos que funcionan para las artes plásticas (el cine como pieza de museo o el cine al museo) ¿Qué está haciendo la literatura para desbordarse del texto y establecer vasos comunicantes con las demás artes? ¿O crees que ese modelo se agotó en cosas Oulipo, los juegos de palabras, los juegos dadaístas, la poesía visual?

Yo esperaría que la literatura quisiera seguir siendo literatura antes de mutar repentinamente, por ejemplo, en un hot cake. Sobre todo porque alguien se apresurará a escribir un tratado de 567 páginas sobre la conveniencia de ello y la deseable era en que se torne waffle.   

 

***

 

Cuestionario contestado por Alejandra Bernal. 

El libro no me ha llegado. A lo mejor ya se perdió.

Las respuestas a las preguntas de tu artículo:

bernalllllll

 

1. Existen diversas formas para definir a una generación, desde la deOrtega y Gasset en términos de ciclo vital hasta aquella que entiende a losnacidos entre guerra y guerra, los nacidos en una década o aquellos que comparten una serie de valores estéticos y filosóficos. Parece que hoy las generaciones se rigen por el mercado. Antes de definir a tu generación ¿qué entiendes por generación?

(No hay respuesta)

 

2. ¿Cómo entiendes a tu generación?

(No hay respuesta)

3. ¿La fragmentación contemporánea sustituye la idea de generación por la de colectivos? 

Una generación sólo existe a priori si los miembros eligen ciertos valores comunes. O a posteriori, cuando la crítica encuentra el común denominador.  Creo que la fragmentación contemporánea busca agrupar individuos en  generaciones o colectivos para introducir criterios de intelegibilidad que ayuden a escribir la historia de la literatura. Solo creando intelegibilidad puede generarse un orden histórico que, además, puede venderse a corto plazo.

 

4. Tras el desdibujamiento de las fronteras en términos comerciales y el trazo de otras en términos migratorios, pero también ante la globalización en sus distintas acepciones ¿Siguen siendo validas la categorías de literatura nacional?

Prefiero la categoría lingüística.

 

5. ¿Qué te dice el año 1985?  

« …Yo… caminaré entre las piedras… hasta sentir el temblor… » Y, sí, creo que los grandes eventos históricos marcan a todo individuo que los percibe, por lo tanto pueden crear generaciones.

 

6. ¿Qué te dice el concepto wikiliteratura?

Carencia de autor y de propiedad intelectual, socialismo informático. Maten al autor, queremos la obra. Y literatura orgánica, en constante proceso de evolución, obra abierta. Se parece al fenómeno urbano. Pero esa es teoría  mía.

  

7. ¿Qué te dice el concepto metaliteratura?

Literatura sobre la literatura.